jueves, 18 de mayo de 2017

El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día

En diciembre hice un viaje a la frontera. Es el viaje más equivocado y abstracto de mi vida porque hubo un punto en el que no había forma alguna de regresar a casa; y aún así, me aventuré a algo que sabía que culminaría en una catástrofe. Podría describirte todo lo que pasó esa noche, pero siendo sincero contigo aún siento miedo. Y el temor de rememorar las cosas hace que valore hasta lo más insignificante. 
Así de duro fue ese golpe. 
Desde entonces creo que las heridas de esa noche hacen que ya no sea el mismo. He dejado de lado todo lo malo y de nuevo empiezo a navegar en un océano de calma. Me he vuelto menos aventurero y más imaginario, porque como dijiste alguna vez, viajando me he encontrado conmigo mismo y eso me transformó en alguien más solitario.
Ya no viajo como antes porque pronto llegará el día en que ya no regresaré. Será un viaje permanente. También sé que vienen cosas buenas del otro lado, sé que a donde voy nadie espera por mi y eso lo hace más interesante; estoy convencido que seguiré solitario como siempre y encontrándome conmigo mas de lo que estoy acostumbrado. Ese viaje a la frontera me fraccionó en muchas partes, me destruyó mentalmente pero a la vez me hizo creer, me hizo entender que todo puede tener un nuevo comienzo. Me abrió los ojos al cambio, me ayudó a reconstruirme cómo persona y me redirigió a un sólo propósito: la tranquilidad propia.

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Que sería de mi si no soñara...