Lo último que quería era escribir sobre amor, ni siquiera pretendía hacerlo. Para no caer en lo que se aproximaba, improvisé durante meses en todo lo que hacía. Mis emociones en cambio, me aseguraban que sería imposible sobrellevar el pensamiento de todos estos años; pero no profundizaba en eso. Hasta ahora fue que me di cuenta que jamás quise relatar lo que sentía. Escribir no era importante para lo que se venía, no estaba dentro de mis planes, no era el momento para externar del amor cierta patología. Tiempo después fue inminente. Podía huir de todo si hubiera querido, pude desechar todo lo que había creado pero le tenía miedo; así que no quise dejarme caer en vano. Todo lo que se decía de su viva voz se había transformado en inspiración de líneas hasta el punto de llegar a amarla. Algo grande se formaba del otro lado, algo se estaba gestando a kilómetros y no quería perdérmelo.
Pero terminé como siempre, escribiendo totalmente consciente de que una época oscura terminaba, sin saber que comenzaría otra mucho peor. La caída comenzó desde antes; desde un poco atrás, supongo. Y mi incapacidad para sobrellevar el amor a la distancia hizo que todo tipo de premonición emocional se materializara; y sin duda, las adversidades promovieron el aprendizaje.
Ahora todo fluye, y a la vez, el viaje me da miedo.
Pero terminé como siempre, escribiendo totalmente consciente de que una época oscura terminaba, sin saber que comenzaría otra mucho peor. La caída comenzó desde antes; desde un poco atrás, supongo. Y mi incapacidad para sobrellevar el amor a la distancia hizo que todo tipo de premonición emocional se materializara; y sin duda, las adversidades promovieron el aprendizaje.
Ahora todo fluye, y a la vez, el viaje me da miedo.
