Mi madre siempre arrancaba sus pláticas chismosas con alguna frase rara de señora abandonada. Y digo abandonada porque así lo fue. Mi padre, como la canción, una noche salió por cigarros y jamás regresó. Años después nos enteramos que vivía en Estados Unidos con alguien más, hasta otros hijos tiene (o tenía, no lo sé), pero para nosotros, él ya estaba olvidado desde el día que decidió partir. No puedo saber realmente si es algo que afectó directamente a mis hermanas o a mí, pero que en algún momento él hizo falta; sí, lo hizo. Por mil razones, más de las que me gustaría. Quizá el pensamiento contemporáneo actual detalla que no se necesita de un papá (o un esposo) para sostener una familia, y mi madre fue mucha madre todos los días de su vida, más que suficiente, pero eso no le bastó para que un día ella terminara por superarlo. Jamás lo pudo asimilar. Se quedó siempre con esa tristeza.
No era el hecho en sí, de sentirse abandonada. Pienso que lo más grave fue el hecho de no cumplir sus propósitos por un hombre que se terminó yendo, por un hombre que no tuvo la capacidad de asumir la responsabilidad. Mi madre siempre nos contaba que quería ser azafata, viajar por el mundo y conocer mil lugares. Le gustaba imaginar a la gente en los asientos de avión, de todas nacionalidades, porque decía que el mundo era tan pequeño que un avión lo resumía perfectamente. Era cómo si conociera muchas partes del mundo a la vez. Terminó por trabajar en algo que también le apasionaba, pero que no era el sueño que se visualizó toda la vida.
Los años con mi padre fueron tiempos muy obscuros. No quiero decir que mi padre fue mala persona, no. Es extraño como una persona funciona de esa manera. Él solía vivir en automático, todo el tiempo despreocupado, sin dar algún valor agregado a lo que hacía. Era muy frustrante ver a alguien sin pasión por nada, sin amor por un pasatiempo o por su trabajo. Todos esos detalles afectaron a mi madre, que fue todo lo contrario.
Es extraño cómo se deteriora el tiempo con el paso de los años. Ella no tuvo expectativas de mi padre, aunque en su momento las tuvo, nunca fueron materializadas. Terminó por olvidarlo, por dejar atrás sus sueños. No podría hacer algo para evitarlo. Y así dejó este mundo, en la infinita tristeza.