sábado, 31 de diciembre de 2016

Otro final

Otro año más ha terminado, para variar. Otro año donde la realidad está superando por completo a la ficción, en todos los aspectos. El gobierno nos tiene hundidos y apagados; ni cómo defendernos ante las tonterías de nuestro amado presidente. Duré 2 días en San Luis Potosí formado por gasolina, un buen punto para darse cuenta de que literalmente nos está llevando la chingada. Lo único cierto es que si México fuera un canal de televisión abierta, nosotros estaríamos protagonizando la serie de terror más exitosa de todos los tiempos.
Sin embargo, es verdad eso de que podemos unirnos y hacer diferencia ante tal pesadumbre, pero tal parece que fuimos diseñados para siempre llevarnos la contraria. Cuando las personas necesitan estar ecuánimes y accesibles en todo momento, el comportamiento humano es aún más estúpido y llega a límites inimaginables. La gente a tu alrededor ya no tiene sentido de ayuda a los demás y sólo utilizan la "creatividad mexicana" para inventar formas diferentes de joder al prójimo. 
Hasta dónde ha llegado la sociedad como entorno viable en México?
Debo reconocer que hay lapsos que me generan miedo, y no es que no sepa sobrellevarlo, sino porque no quiero terminar siendo una oveja negra más de éste rebaño. Sinceramente no sé sí es que todo está demasiado contaminado pero considero que a todos les ha sucedido lo mismo. Lo que las personas nunca llegan a entender, es que todo terminará hasta que uno se enfrente a otro, y a más, y a todos. Sólo hasta entonces, empezarán a llover sobre nosotros los restos de tan aparatoso colapso.

martes, 1 de noviembre de 2016

Anécdotas de viajes paralelos




















Estaba casi listo para salir de casa. Me vinieron a la mente las memorias de siempre, las que te complican la existencia en cada viaje. Antes de partir, tuve una especie de revelación emocional que no cuadraba nada con la realidad de las cosas. Y lo experimenté como una revelación porque en un punto dejó de ser real para convertirse en un evento totalmente inexorable. Yo creí que todo marchaba conforme a lo habitual pero, hay cosas que no pueden razonarse de una forma verdadera. 

Para mi, resultaba muy complicado tener que analizar cada lugar al que llegaba, y lo hacía por las ganas de conocer culturalmente mi destino pero el impulso a aprender y conocer personas me dejaba aún mas satisfecho. Sin embargo, después de culminar muchas horas de viaje, analicé el trayecto en lugar de todos los puntos visitados. Me di cuenta que llevaba miles de kilómetros recorridos por muchos años y que casi conocía todas las carreteras del país. Había pagado en casetas de peaje desde La Rumorosa en Mexicali hasta Cancún. No podía entender como había pasado muchas horas de mi vida viajando y lo peor es que no había ningún propósito al hacerlo; solo el de conocer y aprender. 

Saqué a conclusión propia, que las horas invertidas en la carretera nunca fueron desperdicio alguno para mis propósitos personales, pero que el tiempo que se me había ido en pedalear no lo recuperaría nunca, sería tiempo muerto de mi vida, donde no era productivo y donde no generaba nada para nadie. Después de todo, tuve un aprendizaje que me dejó una moraleja: no puedo analizar cosas que no he hecho o que no conozco, ya que cuando un día finalmente decida a hacerlas, me daré cuenta de que nada es lo que parece, y lo que creía tener resuelto, siempre me generará mas dudas.

martes, 19 de julio de 2016

Bitácora del viaje más largo de mi vida (Día 113)































Lo último que quería era escribir sobre amor, ni siquiera pretendía hacerlo. Para no caer en lo que se aproximaba, improvisé durante meses en todo lo que hacía. Mis emociones en cambio, me aseguraban que sería imposible sobrellevar el pensamiento de todos estos años; pero no profundizaba en eso. Hasta ahora fue que me di cuenta que jamás quise relatar lo que sentía. Escribir no era importante para lo que se venía, no estaba dentro de mis planes, no era el momento para externar del amor cierta patología. Tiempo después fue inminente. Podía huir de todo si hubiera querido, pude desechar todo lo que había creado pero le tenía miedo; así que no quise dejarme caer en vano. Todo lo que se decía de su viva voz se había transformado en inspiración de líneas hasta el punto de llegar a amarla. Algo grande se formaba del otro lado, algo se estaba gestando a kilómetros y no quería perdérmelo.

Pero terminé como siempre, escribiendo totalmente consciente de que una época oscura terminaba, sin saber que comenzaría otra mucho peor. La caída comenzó desde antes; desde un poco atrás, supongo. Y mi incapacidad para sobrellevar el amor a la distancia hizo que todo tipo de premonición emocional se materializara; y sin duda, las adversidades promovieron el aprendizaje.
Ahora todo fluye, y a la vez, el viaje me da miedo.