Para mi, resultaba muy complicado tener que analizar cada
lugar al que llegaba, y lo hacía por las ganas de conocer culturalmente mi
destino pero el impulso a aprender y conocer personas me dejaba aún mas
satisfecho. Sin embargo, después de culminar muchas horas de viaje,
analicé el trayecto en lugar de todos los puntos visitados. Me di cuenta que llevaba
miles de kilómetros recorridos por muchos años y que casi conocía todas las
carreteras del país. Había pagado en casetas de peaje desde La Rumorosa en Mexicali hasta
Cancún. No podía entender como había pasado muchas horas de mi vida viajando y lo
peor es que no había ningún propósito al hacerlo; solo el de conocer y
aprender.
Saqué a conclusión propia, que las horas invertidas en la carretera
nunca fueron desperdicio alguno para mis propósitos personales, pero que el
tiempo que se me había ido en pedalear no lo recuperaría nunca, sería tiempo muerto
de mi vida, donde no era productivo y donde no generaba nada para nadie.
Después de todo, tuve un aprendizaje que me dejó una moraleja: no
puedo analizar cosas que no he hecho o que no conozco, ya que cuando un día
finalmente decida a hacerlas, me daré cuenta de que nada es lo que parece, y lo
que creía tener resuelto, siempre me generará mas dudas.
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Que sería de mi si no soñara...