martes, 21 de diciembre de 2021

Imposibles

Últimamente he pensado mucho en el 2010, tú lo recuerdas aún?. Fue un año intenso, inolvidable. Yo tenía años escribiendo textos cortos pero fue ahí donde conocí mi lado literario, donde por primera vez comencé a escribir para compartirlo con alguien. Recuerdo tener una computadora viejísima, de esas blancas de carcasa enorme que pesaban una inmensidad. Estaba colocada en un mueble de madera en un pasillo muy reducido de mi antigua casa. Todos los días me sentaba ahí a escribir, obviamente no compartí todo en su momento porque había textos que me llenaban de pena, de enojo, de tristeza, de mil cosas. Recuerdo siempre esperar la noche para escribir algo; no sé, me sentía más cómodo, creo que es cuando la inspiración fluía un poco más, no me sentía a gusto redactar durante el día, no me gustaba. Creo que la obscuridad del pasillo, la luz tenue de la pantalla y tus ojos grandes me generaban calma para crear algo convincente.
 
Esos años me enseñaron que la escritura podía hacía sentir algo a los demás. Fueron años donde aprendí su significado; y donde conocí el alcance que tienen las palabras cuando son leídas por la gente correcta. Además entendí que eso mismo que escribía me daba a conocer contigo como persona. Podías hacerte una imagen de mi por el hecho de plasmar los sentimientos de ese instante. Era como un Instagram o Facebook, pero en vez de mostrar mi parte externa, mostraba mi lado interior. Eso es algo que valoro muchísimo de ti y de toda la gente que conocí por este medio.  Pude conocer personas reales, no personas que basaban su belleza en su parte más superficial o en su lado más físico.
 
De aquél entonces ya no queda mucho. Yo como persona he tenido cambios significativos. Pero el gusto por escribir siempre estará vivo. Simplemente hoy me gustaría regresar a esos tiempos donde las cosas se veían más claras, donde escribir un párrafo ofrecía una solución. Dónde me generaba tanto que podía escribir un libro para demostrar un poco de cariño.
En fin, me queda todo lo que he escrito, leer mis propios textos me da algo de calma.
Me hace que no olvide lo que soy; o lo que alguna vez fui.

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Que sería de mi si no soñara...