Entiendo tu coraje, lo entiendo porqué yo no soy capaz de preocuparte cada vez que lo deseas. Y si lo deseas que no te falte el odio, que te falten ganas pero el odio déjalo que suene, que vibre, que me haga caer y tocar fondo. Que parezca que me recuerdas y me odias al mismo tiempo, dicen que sí se puede pero yo nunca lo he experimentado, hazlo y compruébalo para todos los que aún no te dejan, para todos los que hablan de más y creen conocerme un poco, para los que yo recuerdo como la familia más perdida de todas. Déjame morir, deja que la sangre corra lentamente y me ahogue, que me mires con la cara perdida en el tiempo que según yo: ya no regresará.
Todo lo pasado ya no es.
ResponderEliminarEs mejor olvidar.
El odio no permite el olvido y amarga a todos.
Qué desgarradas palabras, amigo...
ResponderEliminarNo sé si he asimilado bien el escrito, pero me parece una ruptura forzada en la pareja, donde el que fue dejado asume cierto rencor contra el que lo(la) dejó...
Es cosa de los sentidos y los sentimientos, pero yo digo que ante todo, no se debe perder el amor propio.
ABRAZOS MILES, AMIGO!