Me sucedió como con estas mismas palabras, igual que con todas las migajas de lecciones fuertes, como con todos los golpes en la espalda que nunca comprendí. Quizá aún era un niño tonto, pero en aquellos años de soledad me llenaste de confusiones la cabeza y tuve que tomar las verdades útiles o inútiles que contenían tus palabras tan prejuiciosas. En el estado de ánimo en que me encontraba nunca lo entendí del todo, y la idea de un sentimiento cortado o desairado ni siquiera interesaba para mi.
Pero hoy después de tanto tiempo, sonrió porque solamente yo sé lo que significaron esos años de penas, de ironías, de ese deambular por la calle con la tristeza sobre los hombros, pensando en que si ese día él tenía que irse, no fue porque no quisiera regresar.
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Que sería de mi si no soñara...